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  • Todo el mundo habla de IA, pero la computación cuántica promete un salto tecnológico aún mayor

    Todo el mundo habla de IA, pero la computación cuántica promete un salto tecnológico aún mayor

    El avance de esta tecnología transformará, según los expertos, sectores clave como la industria, las finanzas o la ciberseguridad, pero aún enfrenta retos para su desarrollo estable

    La economía moderna avanza al ritmo de los bits, las unidades que dan vida a los ordenadores. En el corazón de estas máquinas se encuentran unos pequeños chips llamados microprocesadores, que funcionan bajo el sencillo y poderoso sistema binario, una danza de ceros y unos que moldea el mundo digital. Desde el desarrollo de los primeros ordenadores —que ocupaban habitaciones y hasta edificios enteros— este sistema ha servido de base para tareas como escribir un documento en Word, entrenar a la inteligencia artificial y hasta llevar un cohete al espacio. Esta es una realidad que está más cerca que nunca de cambiar.

    Si hay una tecnología capaz de transformar los sistemas de computación modernos es la computación cuántica. Su desarrollo, coinciden los expertos, implicará mayores cambios en las economías que la tan nombrada inteligencia artificial (IA). No solo porque acelerará los avances en la investigación de modelos de lenguaje de gran escala como ChatGPT o Gemini, sino porque trastocará la mayoría de áreas críticas de las economías: desde defensa, pasando por las industrias, hasta las finanzas.

    Microsoft asegura haber hallado un nuevo estado de la materia, la Majorana, que aceleraría el desarrollo de un ordenador cuántico estable. No obstante, los físicos recomiendan tomar este anuncio con cautela debido a su fiabilidad. La noticia, sin embargo, ha vuelto a agitar el debate de lo cerca que está el mundo científico de conseguir un ordenador cuántico funcional, sin errores y que sea fácil de reproducir.

    Lejos del anuncio de la empresa fundada por Bill Gates, en Europa, así como en otras regiones, se está avanzando con celeridad y hay quienes apuntan a que el día prometido ya no queda tan lejos. “El año pasado hubo anuncios de diferentes compañías que han mejorado por 800 y 900 la corrección de errores”, expone Carlos Kuchkovsky, miembro del Consejo estratégico asesor de tecnologías cuánticas de la Comisión Europea y fundador de Qcentroid, una empresa dedicada a diseñar aplicaciones de la computación cuántica. Kuchkovsky dibuja lo que significaría el desarrollo de esta tecnología en los próximos años.

    Carlos Kuchovsky fundador de Qcentroid y miembro del Consejo estratégico asesor de tecnologías cuantías de la Comisión Europea, en una fotografía cedida al Diario El País.

    En primer lugar, señala el experto, mejoraría rápidamente la investigación en IA: “El machine learning (el aprendizaje de las máquinas) es muy bueno haciendo predicciones, pero no es una herramienta capaz de encontrar la mejor solución a un problema de combinación”. El desarrollo de la computación cuántica permitirá, augura, resolver problemas matemáticos que de otra forma tomarían años, los llamados “problemas de optimización combinatoria”, que se usan en el reparto de paquetes, las telecomunicaciones, la previsión del tiempo o la optimización de redes de energía.

    En lugar de usar bits clásicos, que son cero o uno, la computación cuántica emplea un tipo de bit conocido como cúbit, que puede existir en ambos estados simultáneamente. Esto permite que un cúbit contenga más información que un bit normal, y que las computadoras con muchos cúbits la incrementen exponencialmente, lo que abre un abanico de nuevas posibilidades computacionales.

    “Todo lo que usa un ordenador por detrás será alterado por la computación cuántica”, suscribe Román Orús, fundador de Multiverse Computing, una firma de San Sebastián (España) que diseña aplicaciones industriales con base en esta tecnología. “La gente no lo va a notar, pero va a empezar a ver cómo se calculan mejores rutas para viajar, y que las respuestas de la IA son más afinadas, y todo esto se hará desde la nube porque nadie va a tener una computadora cuántica en su móvil”, explica por videollamada.

    La computación cuántica tiene la capacidad de simular cómo funciona la naturaleza, lo que abre un nuevo campo para entender cómo desarrollar materiales más eficientes, más resistentes, así como nuevas moléculas que aceleren el desarrollo de fármacos, y mejores procesos de análisis para entornos industriales. Los ordenadores actuales tardarían cientos de años en resolverlos, expone Kuchkovsky. Un ordenador cuántico potente también podría, en teoría, superar muchas de las técnicas actuales de cifrado de datos, lo que empieza a ser una preocupación para los gobiernos y las empresas tecnológicas que manejan miles de millones de datos.

    El reto energético es otro desafío que esta tecnología podría ayudar a resolver, señalan Kuchkovsky: “Ya hay algunos estudios que afirman que la computación cuántica puede hacer a la inteligencia artificial más eficiente en su uso energético”. El Departamento de Energía de Estados Unidos, país que concentra el mayor número de centros de datos (medidos por su consumo de energía), estima que los servidores de IA en los centros de datos podrían consumir hasta 326 teravatios por hora para 2028, casi ocho veces más de lo que usaron en 2023.

    El profesor Orús expone que en su compañía han sido capaces de comprimir la memoria de un gran modelo de lenguaje como ChatGPT en un 90%, lo que disminuye su consumo energético y se puede llegar a desplegar en dispositivos como lavadoras, drones o coches. El científico jefe de Origin Quantum, una empresa china líder en el desarrollo de esta tecnología, comentaba para Computer Hoy que la computación cuántica podría transformar la IA al reducir drásticamente el tiempo de entrenamiento de semanas a solo horas.

    Román Orús, fundador de Multiverse Computing, en una fotografía cedida al Diario El País.

    El gran problema es que todavía no se ha desarrollado una computadora cuántica estable, es decir, que presente las condiciones ideales para que se produzcan los cálculos cuánticos. Para empezar, en la mayoría de ordenadores de este tipo, los cúbits deben operar a temperaturas cercanas al cero absoluto, es decir, por debajo de -273 grados Celsius. El segundo inconveniente es la fiabilidad. Todos los chips de ordenador cometen errores, pero en los ordenadores y los smartphones actuales, las tasas de error son mínimas. En los cúbits, la más mínima perturbación puede provocar una serie de errores en cascada.

    La carrera por desarrollar equipos que resuelvan estos problemas ha atraído a empresas de la mayoría de economías desarrolladas. En Estados Unidos, Google, Microsoft e IBM, que impulsaron la industria hace aproximadamente una década, ahora compiten por construir “el santo grial” de los ordenadores. China no publica cifras sobre sus inversiones previstas, pero medios de comunicación chinos y grupos de investigación de políticas estadounidenses, como el centro de estudios Rand Corp. y McKinsey han estimado su compromiso para un período similar entre mil y más de 15 mil millones de dólares. Tencent, Alibaba y Baidu son algunas de las firmas que se encuentran desarrollando esta tecnología.

    “Europa, por su parte, ha puesto mucho capital y mucha energía para estar al día y no perder el halo de la IA. En computación cuántica, sin embargo, estamos compitiendo de tú a tú otras regiones, porque también se ha invertido bastante antes”, resume Orús.

    Y Kuchkovsky advierte de que “tenemos 30 años de desarrollo a cuestas”, y explica que un porcentaje muy alto de artículos científicos viene de investigadores y desarrolladores europeos. El experto destaca que hay diversas compañías como Qilimanjaro, Pascal o IQM Quantum Computers que han logrado desarrollar hardware en suelo comunitario de elevada calidad. En España, el Barcelona Supercomputing Center, alberga el Quantum Spain, el primer ordenador cuántico español de acceso público construido con tecnología 100% europea. También hay centros de este tipo en San Sebastián.

    El profesor Orús opina que el salto se producirá como muy tarde en la siguiente década. “Estamos haciendo algo muy mal. Los algoritmos de la IA aún se basan en estudios de los años sesenta, poco eficientes. La computación cuántica es el único camino viable para esta tecnología”. Kuchkovsky también comparte por videollamada que el World Mobile Congress de este año —al que acaba de asistir— ha visto mucho más interés de entidades públicas y privadas por entender la computación cuántica. “Estoy seguro de que el año que viene se va a producir un boom en este ámbito”, zanja.

    Fuente: Luis Enrique VelascoEl país

  • 2025 es el Año de la Ciencia y las Tecnologías Cuánticas

    Las Naciones Unidas han declarado 2025 como el año en el que la ciencia de lo pequeño revolucionará la medicina, la tecnología y la seguridad.

    Istock | El 2025 coincide con el centenario de los primeros desarrollos teóricos de la mecánica cuántica, la teoría que sustenta toda esta disciplina.

    ¿Te imaginas un mundo donde los ordenadores resuelven en solo segundos problemas que los dispositivos actuales necesitarían millones de años para calcular? ¿O donde las comunicaciones sean tan seguras que ni el hacker más habilidoso y experimentado pueda interceptarlas? ¿O incluso donde sensores ultrapotentes sea capaces de detectar enfermedades en sus etapas más tempranas, salvando millones de vidas? Pues, la realidad es que, aunque sean tecnologías que parecen a años luz de distancia, actualmente ya estamos en camino de lograrlo. Y todo gracias a un campo de la ciencia que, hasta hace poco, parecía reservado solo para los libros de física: la cuántica.

    Por eso, las Naciones Unidas han declarado 2025 como el Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas. Este anuncio, hecho en 2024, marca la forma en la que esperamos los avances durante los próximos 12 meses y hace generar una gran expectación. Pero, ¿qué es exactamente la cuántica? ¿Por qué debería importarnos tanto? Y, sobre todo, ¿qué significa que 2025 sea el año dedicado a esta disciplina?

    CUÁNTICA. ¿QUÉ ES Y POR QUÉ DA TANTO QUE HABLAR?

    La ciencia cuántica estudia el mundo de lo más pequeño: átomos, electrones y otras partículas subatómicas. A primera vista, podría parecer que esto no tiene nada que ver con nuestro día a día. Sin embargo, si te detienes a pensarlo, gran parte de las tecnologías que usamos hoy en día tienen su origen en estos descubrimientos: desde los chips de los ordenadores hasta los láseres y los GPS.

    Lo que hace que la cuántica sea tan importante es que desafía todo lo que creíamos saber sobre el funcionamiento del universo. En este mundo microscópico, las reglas habituales, es decir, las de la física clásica, no aplican. Por ejemplo, una partícula puede estar en dos lugares al mismo tiempo, algo conocido como «superposición». O dos partículas pueden estar misteriosamente conectadas entre sí, sin importar la distancia que las separe, un fenómeno llamado «entrelazamiento cuántico».

    ¿POR QUÉ 2025?

    Y el 2025 no fue elegido al azar. Este año coincide con el centenario de los primeros desarrollos teóricos de la mecánica cuántica, la teoría que sustenta toda esta disciplina. Durante las últimas décadas, los avances en este campo se han ido incrementando de forma exponencial, y hoy nos encontramos en plena revolución. Proclamando este año como el Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas, las Naciones Unidas buscan sensibilizar a la sociedad sobre el impacto de estas investigaciones en nuestra vida cotidiana y en el futuro del planeta.

    Bartlomiej Wroblewski / iStock. Conceptualización de un ordenador cuántico

    Además, este reconocimiento tiene también un objetivo complementario: fomentar la colaboración internacional. La investigación cuántica no es algo que pueda desarrollarse en solitario. Requiere el esfuerzo conjunto de gobiernos, empresas, universidades y centros de investigación de todo el mundo. Por ello, durante 2025, se llevarán a cabo cientos de eventos, conferencias y actividades educativas destinadas a explicar cómo estas tecnologías pueden transformar nuestra sociedad.

    UN FUTURO CUÁNTICAMENTE PROMETEDOR

    Pero ¿cuál es exactamente el potencial de estas tecnologías? ¿2025 será un año de cambios notables? Aunque todavía estamos en las primeras etapas de esta transformación, la verdad es que ya hay aplicaciones que están comenzando a cambiar el juego.

    Por ejemplo, los ordenadores cuánticos, que funcionan de manera completamente distinta a los ordenadores tradicionales, prometen resolver problemas que hoy parecen imposibles. Desde simulaciones químicas para desarrollar nuevos medicamentos hasta la optimización de rutas logísticas para reducir emisiones de carbono, las posibilidades son infinitas.

    Otra aplicación emocionante es la de las comunicaciones cuánticas, que podrían hacer nuestras redes absolutamente seguras. Gracias al entrelazamiento cuántico, se pueden enviar mensajes codificados de una manera que cualquier intento de espionaje sería detectado al instante. En un mundo cada vez más digitalizado, esto podría ser un cambio crucial.

    Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Conceptualización del entrelazamiento cuántico.

    Y luego están los sensores cuánticos, dispositivos que aprovechan las propiedades cuánticas para realizar mediciones con una precisión sin precedentes. Estos sensores podrían revolucionar campos como la medicina, permitiendo detectar enfermedades en sus etapas iniciales, o incluso monitorear el cambio climático con una exactitud inalcanzable hasta ahora.

    Fuente: Noelia FreireNational geographic

  • Física cuántica en su forma más avanzada: partículas de luz alcanzan 37 dimensiones

    Basado en la famosa paradoja GHZ, este experimento desafió la percepción de la física y podría abrir nuevas puertas para aplicaciones tecnológicas en sistemas de alta dimensionalidad

    Un equipo internacional de científicos llevó los límites de la física cuántica a un nuevo nivel al producir partículas de luz que operan simultáneamente en 37 dimensiones.

    Este experimento, descrito en un artículo publicado en la revista Science Advances, representa un progreso significativo en la comprensión de los fenómenos cuánticos y podría abrir nuevas puertas para aplicaciones tecnológicas en sistemas de alta dimensionalidad.

    Este experimento desafía las leyes tradicionales de la física y pone en evidencia cómo la no localidad cuántica redefine nuestra comprensión del universo – (Imagen Ilustrativa Infobae).

    Este logro se basa en la conocida paradoja de Greenberger–Horne–Zeilinger (GHZ), un concepto que desafía las explicaciones clásicas de la física.

    La paradoja GHZ, formulada en 1989 por los físicos Daniel Greenberger, Michael Horne y Anton Zeilinger, es un ejemplo clave de cómo la mecánica cuántica contradice las teorías clásicas basadas en el realismo local. Este principio clásico sostiene que los objetos solo pueden ser influenciados por su entorno inmediato. Sin embargo, la física cuántica introduce el fenómeno de la no localidad cuántica, donde partículas separadas por grandes distancias pueden influirse mutuamente de manera instantánea, algo que Albert Einstein describió como “acción fantasmal a distancia”. Este fenómeno desafía las leyes de la física clásica, que prohíben cualquier interacción más rápida que la velocidad de la luz.

    Un experimento que redefine los límites de lo “no clásico”.

    El experimento, liderado por investigadores de la Universidad Técnica de Dinamarca, buscó explorar hasta qué punto las partículas de luz pueden comportarse de manera no clásica. Para ello, los científicos utilizaron fotones, las partículas fundamentales de la luz, y los manipularon para que existieran en un sistema de 37 dimensiones.

    En términos simples, mientras los humanos perciben el mundo en tres dimensiones espaciales y una temporal, estos fotones requerían 37 puntos de referencia para describir su estado.

    Zhenghao Liu, coautor del estudio, explicó a New Scientist que este experimento demuestra que “la física cuántica es más no clásica de lo que muchos de nosotros pensábamos”. Según Liu, incluso después de más de un siglo desde el descubrimiento de los principios cuánticos, los científicos apenas están comenzando a comprender la complejidad de este campo. “Podría ser que, 100 años después de su descubrimiento, todavía solo estemos viendo la punta del iceberg”, afirmó.

    Cómo se logró este avance técnico

    Para llevar a cabo este experimento, los investigadores adaptaron una versión de la paradoja GHZ a un sistema de luz coherente, es decir, luz con propiedades uniformes en términos de color y longitud de onda.

    Este enfoque permitió a los científicos manipular los fotones con mayor precisión y observar los efectos cuánticos en un sistema de alta dimensionalidad. Este proceso resultó en la creación de los efectos cuánticos más “no clásicos” jamás registrados.

    El equipo de investigación destacó que este avance no solo tiene implicaciones teóricas, sino que también podría tener aplicaciones prácticas en el futuro. “Creemos que este trabajo ha abierto varias avenidas para futuras investigaciones”, escribieron los autores en su artículo. Además, expresaron su esperanza de que estos hallazgos puedan ser utilizados para desarrollar ventajas cuánticas aún más significativas en sistemas de alta dimensionalidad.

    Con la manipulación de partículas en dimensiones tan altas, se abren nuevas posibilidades para el desarrollo de tecnologías cuánticas más eficientes y seguras – (Imagen Ilustrativa Infobae).

    El significado de la paradoja GHZ en este contexto

    La paradoja GHZ es un ejemplo fundamental de cómo la mecánica cuántica desafía las explicaciones clásicas. Según explicó New Scientist, esta paradoja puede expresarse matemáticamente de formas que parecen imposibles, como una ecuación donde 1 es igual a -1. Este tipo de contradicciones pone de manifiesto que las propiedades cuánticas no pueden ser descritas utilizando los principios de la física clásica.

    En el caso del experimento reciente, los investigadores utilizaron la paradoja GHZ como base para diseñar un sistema que maximiza los efectos no clásicos. Esto les permitió explorar cómo las partículas cuánticas pueden comportarse de maneras que no tienen equivalente en el mundo macroscópico. Según los científicos, este tipo de investigaciones no solo amplía el conocimiento teórico, sino que también podría tener aplicaciones prácticas en áreas como la computación cuántica y las comunicaciones seguras.

    Implicaciones futuras y potencial de los sistemas cuánticos de alta dimensionalidad

    El logro de crear partículas de luz en 37 dimensiones representa un paso importante hacia la comprensión de los sistemas cuánticos de alta dimensionalidad. Según los autores del estudio, este tipo de sistemas podría ofrecer ventajas significativas en comparación con los sistemas cuánticos tradicionales, que suelen operar en dimensiones más bajas.

    Por ejemplo, los sistemas de alta dimensionalidad podrían ser más resistentes al ruido y a los errores, lo que los haría ideales para aplicaciones como la transmisión de información cuántica y el desarrollo de algoritmos más eficientes.

    Además, este avance podría tener implicaciones en el diseño de nuevas tecnologías basadas en principios cuánticos. Según los investigadores, comprender mejor los sistemas de alta dimensionalidad podría permitir el desarrollo de dispositivos más avanzados y eficientes, desde sensores cuánticos hasta computadoras cuánticas de próxima generación.

    Fuente: Celeste SawczukInfobae